Categoría: Un poco de historia


Colaboración de Olga Lidia González Monguía
 
El béisbol, el deporte de las bolas y los strikes, se introdujo en Cuba a mediados  del siglo XIX. En la documentación de la época se habla de la llegada a Matanzas de jóvenes norteamericanos que entusiasmaron a los locales para aprender el nuevo  y dinámico pasatiempo.   En un documento con fecha de 1847 se ordena la prohibición del juego de pelota en las calles y demás puntos del camino, porque el mismo era practicado por adultos que ocasionaban daños en los faroles del alumbrado público. En la prensa de esos años continuaron apareciendo diferentes artículos  referidos al bullicio y vocerío que se originaba por la exaltación de los aficionados  allí reunidos; lo que provocaba alteraciones del orden ciudadano con las quejas de los vecinos de las inmediaciones. Ver artículo completo »

Por Olga Lidia González

En la década del 70, del pasado siglo, se construyó en la ciudad de Matanzas -cuna del béisbol en Cuba- el estadio Victoria de Girón, acontecimiento que motivó a los aficionados a proponer que la avenida que da acceso a la nueva instalación deportiva llevara el nombre del insigne pelotero Martín Dihigo como tributo eterno a su memoria. La iniciativa fue  aprobada por la Asamblea Municipal del Poder Popular.

¿Cómo identificar esa avenida? ¿Cómo perpetuar la figura de Dihigo para las futuras generaciones?, fueron entre otras las preguntas que en los años 80 se formulara la Comisión Municipal de Historia del Deporte. Con el fin de buscar respuestas, designó a Alfredo Santana, estudioso de la vida del estelar jugador, para que se responsabilizara con la tarea. Santana acude al escultor Agustín Drake y éste, valorando  las características del sitio y las posibilidades económicas, sugiere la creación de un singular monumento sobre la base de una piedra de grandes dimensiones. Ver artículo completo »

Había llovido torrencialmente aquella noche de septiembre de 1977. A la mañana siguiente  el sendero escogido para la carrera era un fangal con cañamazo  acostado por el viento. El campo de tiro de “Buey Vaca”, en la ciudad de Matanzas, escenario del evento,  ahora mostraba las huellas de las inclemencias del tiempo. Alejandro Amaro partió en la séptima fila o heat, por lo que  debía calcular  bien sus pasos para evitar una torcedura de tobillos. Lo precedieron más de sesenta atletas que dejaron profundas marcas en el barro. El sudor, la humedad y un terreno resbaladizo convertían en verdadero reto los 3000 metros que lo separaban de la meta.

Desde el comienzo, el evento impuso su rigor y los hombres que buscaban la gloria comenzaron a jadear. Subían y bajaban pequeños montículos en una formación casi cerrada.  Cubiertos los primeros 2 kilómetros las cosas cambiaron. El favorito atleta soviético Alexander Musichuk imponía su clase y marcaba el ritmo ampliando la diferencia sobre sus más cercanos rivales.

“Yo me propuse no dejarlo escapar y para ello mantenía la mirada fija en su espalda. Pensaba obsesivamente  en cumplir mi táctica. No por gusto integraba la preselección nacional cubana de atletismo en distancias de medio fondo. Pero ese día dos factores apuntaban en contra de mis propósitos: el fango y el sobrepeso.

El evento de carrera en el  trialón militar es muy duro. Compites contra reloj en un sendero natural, pero accidentado, con el arma reglamentaria, un fusil AK-M, tres cargadores y la careta antigás, lo que significan varias libras de más que se incrementan al moverte sobre el lodo.”

Gritos  en varios idiomas, con instrucciones para los concursantes, llenaban el aire. Alejandro apenas escuchaba a su entrenador y compañeros de equipo, pero sabía que restaba medio kilómetro. Por temor a caer no podía imprimirle más velocidad a sus piernas, con las zapatillas  completamente cubiertas de fango  no tenía agarre sobre el suelo. Ver artículo completo »

A veces sueño que alguien me deja una herencia y empleo todo ese dinero en mejorar las condiciones de la Academia de Boxeo de Unión de Reyes, y aún dormido veo imágenes claras de mis muchachos encaramados en el podio de premiaciones. Cuando despierto me siento muy feliz como si todo fuera realidad”.

Para Antonio (Tony) Peñate Álvarez, con 46 años de experiencia como entrenador de boxeo, el pugilismo es razón de ser  y hasta una forma de interpretar el mundo, porque  moverse en el ring, esquivar, golpear y adivinar las intenciones del contrario son las habilidades y  recursos de supervivencia  a los que debemos apelar en la vida.

Finalizaba la década del 50, en el pasado siglo, y, siendo un fuerte y arrojado muchacho pueblerino, quiso probar suerte en uno de los pocos deportes que le permitía ganar algún dinerito para solventar deudas y necesidades en una época muy difícil para el país. Ver artículo completo »

Roberto Gómez

A veces el combate más duro para un hombre no es en el campo de batalla, ni sobre un ring. Es la propia vida quien se convierte en férreo oponente que intenta derribarnos con golpes demoledores. Sin embargo, puede ser que el instinto de supervivencia o esa fuerza que estremece llamada voluntad nos permiten continuar el camino y, en ocasiones, erigir una obra de significativos valores.

Todavía recuerdo con emoción aquella tremenda pelea entre el legendario Teófilo Stevenson y Roberto Gómez en la discusión del título en el Torneo Internacional de Boxeo Giraldo Córdova Cardín (1977) efectuado en Matanzas. Dos mastodontes, con más de 200 libras, liados a golpes de martillo sin ceder un ápice. Intercambios constantes, intensos castigos a los cuerpos. Cuando todos estaban en pie aplaudiendo el referee detuvo las acciones  para examinar las heridas de Gómez. Sangraba de las dos cejas y el médico recomendó que le pararan el combate. Ver artículo completo »

jai alai

jai alai

En los anales de la historia del deporte son contados los casos de atletas cuya fama se deba a una lesión. Así sucedió con Melchor Guruceaga, creador de la cesta punta o shistera en el mundo de la pelota vasca.

Guruceaga, experimentado pelotari vasco del siglo XIX, inscribió su nombre en los frontones de Sudamérica, principalmente en Argentina, país donde residió varios años y donde debutó una alargada y panzona cesta que marcaría una nueva época en el jai alai.
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