Por Carlos Cruz
El Ajedrez es semejante a la vida.
(Miguel de Cervantes).
“El ajedrez tiene una serie de principios que pueden regir nuestras acciones en la vida real. Ayuda a tener constancia, hábitos de trabajo, concentración, capacidad de análisis y a la búsqueda de alternativas para cada problema.
Sentarse frente a un tablero y decidir una jugada, es algo similar a cuando asumes una posición personal, familiar o a nivel social. La mente humana es muy compleja y nada le resulta ajeno al cerebro en su búsqueda desesperada de la solución ganadora.”
Con esa parsimonia y naturalidad en sus gestos y expresiones, el Gran Maestro Reynaldo Vera González Quevedo (2518 ELO), estableció esta interesante definición sobre el juego ciencia. Bajo la sombra de un framboyán y a nuestras espaldas el río San Juan, de la ciudad de Matanzas, la entrevista transcurrió en un entorno propicio para, además de filosofar, acudir a los recuerdos.
“Los primeros conocimientos de ajedrez me los trasmitió un vecino, Jorge Dopasos, que tenía casi la misma edad que yo, pero acumulaba experiencia en la salita destinada a la enseñanza de ese deporte en mi natal Unión de Reyes. En aquel temprano momento de mi vida, aproximadamente a los nueve años, tenía que enfrentar a quienes brillaban en el pueblo: Santiago García, Julián Pérez y Jorge Sardiñas. Era algo así como jugar contra Fisher, Karpov o Spassky. Después de varios meses conseguí una peleada victoria sobre Santiago, no pude contenerme y me lancé como un bólido calle abajo hasta la casa para comunicarle el triunfo a la familia. Practicaba con éxito baloncesto y tenis de mesa, pero acertadamente mi papá intuyó que el destino de su hijo estaría enmarcado en el mundo de las 64 casillas, y así fue.” Ver artículo completo »
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