A Rufo Caballero lo conocía de vista, de cruzar un qué tal o un qué hay, pero nunca había trabado amistad con él. El ejercicio de la crítica en varias publicaciones y sus agudos comentarios en el controversial “Caballete de Lucas” era la mayor referencia que tenía acerca de su persona. Lo que nunca podía imaginar era su afición al béisbol y su desmedida pasión por el equipo de Industriales.
Por motivos profesionales, en mayo del pasado año, coincidí con Rufo en la ciudad de Santa Clara, donde él había concertado una entrevista con el afamado receptor villaclareño Ariel Pestano y a la cual me invitó por cortesía y sentido ético. Además, no obstante la fiebre beisbolera que lo poseía hasta el delirio, necesitaba un especialista en temas deportivos para llevar a feliz término su propósito.
En una de sus brillantes ocurrencias me propuso usar una gorra naranja con el logo de la novena local para impactar a Pestano, pero fue el carismático jugador quien nos sorprendió al presentarse a la entrevista vestido completamente de azul y con una botella de ron en las manos. El golpe psicológico fue demoledor y el crítico se vio obligado a cambiar el tono del encuentro hacia una conversación amena devenida intercambio de ideas e impresiones aderezadas con licor. Ver artículo completo »









