Por Carlos Cruz Capote

Leo Messi

En medio de su infinita alegría por el triunfo en la final de la Liga de Campeones de Europa, mi amigo Juanchy, apasionado con el  fútbol y el equipo de Barcelona, comenzó a enumerar  los méritos del plantel blaugrana y su plantilla de lujo, en la que todo funciona a la perfección como  la maquinaria de un reloj suizo. Su enardecida disertación fue interrumpida  por alguien que introdujo como tema  los méritos del madridista Cristiano Ronaldo, aspirante de fuerza al preciado Balón de Oro.

Sin inmutarse y con total seguridad, el improvisado orador, le espetó: “Cristiano es un gran jugador, se ubica entre los mejores de Europa, pero existe un Messi… que es Dios”.

Quedamos de una pieza, tanto por su agilidad mental como por la fina ironía de su afirmación. Quizás para un poeta resulte una imagen cargada de lirismo, que describe  con belleza y originalidad al mejor jugador del mundo. Muchas han sido las figuras de gran habilidad y talento, mediáticas o no, que lograron el favor de  las multitudes: Ronaldo, Raúl, Zidane, Ronaldhino, Owen o el  cañonero portugués (Cristiano Ronaldo). Pero sin dudas, después del  “pelusa” Maradona, sólo Messi, “la pulga biónica”, ha conquistado incondicionalmente a los amantes del más bello y universal de los deportes.

Pese a su delgada y pequeña silueta, el dinámico jugador argentino nos invita a soñar  a todos, porque en cada partido interpreta una fascinante melodía futbolística, apegado a una partitura perfecta, escrita por un genio. Es posible que su magia sea un don “divino” o la herencia de un gran país donde los pibes nacen con un balón entre los pies.

Algo sí es seguro, cuando Messi  está en la cancha crece el optimismo de los hinchas y las gradas se agitan esperando que de un momento a otro emprenda una endemoniada carrera y, después de gambetas  y desbordes espectaculares,  chute a puerta para anotar otro gol galáctico, de esos que jamás nos cansamos de ver cuando lo repiten en la tele.

El rosarino bebió la sabia del fútbol argentino en equipos inferiores del club Newell’s Old Boys, pero un serio  problema hormonal  determinó  que la familia, ante la imposibilidad de asumir los gastos del costoso tratamiento, se trasladara a España, donde la organización del FC Barcelona vislumbró un futuro promisorio para el jugador aún adolescente.

Quiso el destino que Leo debutara por la puerta ancha en la temporada  de la Liga Española 2004-2005 con el título de su equipo, momento que marcaría el comienzo de una fantástica trayectoria en apenas un lustro y que ya toma visos de leyenda mundial.

El amigo Juanchy, lleno de admiración por su ídolo, carga siempre bajo su brazo una agenda preñada de estadísticas para rebatir con sólidos argumentos a quienes intenten desvirtuar la obra de arte de quien él  llama “el maestro”. En gesto de deferencia me obsequió algunas páginas llenas de importantes y esclarecedoras  anotaciones.

Leo se consagró goleador de la Champions League con 12 goles y empató la marca establecida por el holandés Ruud Van Nistelrooy en la temporada 2002-2003. Además fue elegido el jugador del  encuentro final. Así, con sólo 23 años (24 de junio 1987) ya acumula 37 dianas en cuatro ediciones de la máxima competición europea.

Al levantar la gran copa “orejona”, Messi y alcanzó su  título número 15° con el Barcelona: cinco ligas de España (2005/2006/2009/2010/2011), cuatro Supercopas de España (2005/2006/2009/2010) una Copa del Rey (2011),tres Ligas de Campeones de Europa, una Supercopa Europea (2009) y un Mundial de Clubes (2009).

Y para no dejar margen a las dudas, en esta temporada de ensueño marcó 54 goles en 55 partidos.

Al asumir el mando de la selección albiceleste para La Copa Mundial de Sudáfrica, el legendario número 10, Diego Armando Maradona, fue consultado por  una agencia de prensa sobre el talento de Leonel Messi. El pibe sentenció: “Messi es mi Maradona”