“A veces sueño que alguien me deja una herencia y empleo todo ese dinero en mejorar las condiciones de la Academia de Boxeo de Unión de Reyes, y aún dormido veo imágenes claras de mis muchachos encaramados en el podio de premiaciones. Cuando despierto me siento muy feliz como si todo fuera realidad”.
Para Antonio (Tony) Peñate Álvarez, con 46 años de experiencia como entrenador de boxeo, el pugilismo es razón de ser y hasta una forma de interpretar el mundo, porque moverse en el ring, esquivar, golpear y adivinar las intenciones del contrario son las habilidades y recursos de supervivencia a los que debemos apelar en la vida.
Finalizaba la década del 50, en el pasado siglo, y, siendo un fuerte y arrojado muchacho pueblerino, quiso probar suerte en uno de los pocos deportes que le permitía ganar algún dinerito para solventar deudas y necesidades en una época muy difícil para el país.
“Comencé a combatir desde joven y aunque no participé en muchas pelas en los torneos llamados Guantes de Oro en la provincia de Matanzas, logré 18 victorias y todas convincentes. No era ni estilista ni un gran pegador, pero me fajaba y conectaba con efectividad el one-two. Tengo hasta un mal recuerdo, porque un día me tocó enfrentar a un amigo, y nadie sabía que él tenía un serio padecimiento, y como consecuencia de los golpes se le desencadenó una trombosis. Decidí entonces a los 19 años no boxear más y allá por el año 1963, como activista deportivo inicié mi largo camino en la preparación de atletas.”
No le ha resultado fácil a este avezado entrenador obtener los resultados que avalan su fama. Mil imponderables, incomprensiones, limitaciones de toda índole y sacrificios, que en ocasiones dañaron afectivamente a su familia, signaron los primeros años de su empeño, pero con el mismo arrojo que subió por primera vez a un ring, asumió la formación de pugilistas, y cerca de una treintena de ellos han integrado la selección nacional y representado a Cuba en torneos foráneos.
“Todo el mundo tiene de qué vanagloriarse y estar orgulloso. En mi caso es doble o triple el orgullo, porque entrené a Andrés Aldama, el mejor 67 kilos que ha tenido este país. No sólo porque fuera Campeón Olímpico en Moscú 80, sino porque era indetenible, tenía una zurda prodigiosa que resolvía en instantes cualquier situación apretada. Mira, por mis manos, por así decirlo, pasaron el búfalo Roberto Gómez, Carlos Pino, Roberto “Uncas” Isasi, Ramón Goire (titular en la Copa del Mundo de 1983), Gregorio Jorrín, Alexis Rubalcaba (Subcampeón mundial 1997), Héctor García y Esteban Forbes, por mencionarte algunos. Además también puse mi granito de arena en la carrera de Liván Blanco (Subtitular Mundial).
Cuando consultamos la hoja de servicio de Tony Peñate encontramos importantes reconocimientos por su larga y fructífera trayectoria tanto dentro de Cuba como en el extranjero. Quiso el destino que un gran interesado por el imperio fundado por Gengis Kan fuera seleccionado para colaborar en el desarrollo del boxeo en la República Popular de Mongolia por espacio de dos años.
“Desde muchacho me gustaban todas las historias sobre los hunos, los tártaros y los mongoles. Estaba motivado por el espíritu salvaje e indomable de esas tribus. Eran los clásicos luchadores, siempre dispuestos a entrar en combate. Por casualidad en 1990 me enviaron a trabajar a Mongolia donde tuve una de las mejores experiencias de mi vida. Allí recibí no solo el cariño de la gente, sino que fui condecorado en varias ocasiones. El Presidente de ese país me otorgó la Medalla de Oro al Mérito Olímpico por los resultados con la escuadra de boxeo en el Campeonato Asiático, donde logré el segundo lugar por países y primero en el Torneo Internacional Juvenil de Ulán- Bator. Al término del convenio lloré de emoción porque tanto los boxeadores, familiares y los funcionarios mongoles manifestaron su satisfacción por mi labor.
Pasaron los años, continué trabajando en la Academia Provincial y un buen día me enviaron hacia la República Bolivariana de Venezuela para asesorar la formación de pugilistas en el estado de Aragua. Preparamos niños, jóvenes y hasta muchachas en casi todas las categorías.”
Sus conocimientos, experiencia y mañas en este viril deporte son de consulta obligada para todos los que se inician en el complejo oficio de enseñar, pero si algo sorprende de este sencillo hombre de pueblo es su compromiso, su fidelidad y amor infinito a una disciplina preñada de amores difíciles.
“Tengo 65 años y puedo tomar la decisión de retirarme, pero te confieso que si lo hago me muero. Me gusta seguir con esa fantasía de niño, al estilo Peter Pan, de que siempre podemos ser jóvenes para no sufrir con la realidad del envejecimiento. Cuando llegue el momento de apartarme del boxeo porque ya no soy útil, creo que no lo voy a asimilar, sería algo así como una muerte en vida. Yo no tengo muchos estudios, pero recuerdo siempre que alguien mencionó a un filósofo que dijo: Pienso, luego existo. Para mí, primero el boxeo, luego existo.”
Nota:
Antonio Peñate Álvarez (8 de noviembre de 1944) Nació, trabaja y vive en el poblado matancero de Unión de Reyes, distante a 130 kilómetros de Ciudad de la Habana.




Me han gustado mucho estos trabajos, especialmente este último, por la capacidad de ilustrar el humanismo de las personas dedicadas al deporte, cuestión esta que no siempre encontramos en los artículos referidos al tema, casi siempre enclaustrados en la descripción de resultados. Un abrazo